Micah P. Hinson (Joy Eslava, 19 de noviembre de 2012)

Micah P. Hinson (Joy Eslava, 19 de noviembre de 2012)
B-SIDE MAGAZINE // PARA HABLAR DE ARTE... HAY QUE HACERLO CON ARTE

Micah P. Hinson (Joy Eslava, 19 de noviembre de 2012)

Por · 22 Noviembre, 2012

Crónica: A.H.   Fotografías: Maite Nieto

Sabía que Micah P. Hinson venía a presentar su último disco de caras-b y rarezas. Sabía que al tejano le va el rollo hombre maldito. Pero creo que no estaba preparada para lo que ocurrió ayer en Joy Eslava.

Antes del concierto ya se le pudo ver por la calle Arenal, paseando, observando… y, diez minutos antes de que abriesen las puertas, volvió a aparecer, portando una bolsa de cartón de Mcdonald’s en una mano y una Coca-Cola en la otra.

La sala fue llenándose sin prisa pero sin pausa. Empezó el concierto con los teloneros Timber Timbre, en esta ocasión bajo el alias The Junior Arts Collective. Ambas formaciones se conocieron en la ciudad de Gante, se cayeron bien y bueno, les pareció buena idea ir de gira juntos. Los cuatro discos publicados hasta la fecha por Timber Timbre son una sólida carta de presentación, y lo cierto es que los canadienses se mostraron concentrados y volcados en su quehacer, impregnando la sala con esa voz tan especial de Taylor Kirk y el acompañamiento de Simon Trottier y Mika Posen, y haciendo levantar los pies del suelo a los asistentes.

A la media hora, apareció en el escenario Micah, con su ya mítico aire desaliñado, sus gafas xxl, sus tirantes, sus Nike negras y un estudiado pañuelo asomando por el bolsillo trasero del pantalón. Se presentó, pidió que nadie utilizase flash en las fotos, cogió la guitarra, se acercó al micro y a partir de ahí las canciones fueron sucediéndose a un ritmo espacioso.

Ni veinte centímetros se movió del sitio. Su voz, desgarrada y por momentos rota; una voz de esas que cuando escuchas de madrugada en tu casa te agarra las vísceras y te cala dermis y epidermis, fue haciéndose cada vez más monótona. El escenario, malamente iluminado y con escasos cambios de luces (no pude evitar echar un vistazo a las poco amables y justificadas expresiones de los fotógrafos) no ayudó mucho a que el ritmo y el espectáculo del concierto fuese el mejor. Aun así, el de Memphis se esforzaba en cantar los temas, buscando la mirada cómplice del público. Pocos coros se escucharon, salvo cuando retomó cortes como Take Off That Dress For Me y algún otro.

Vale que no estuviese perfecto de salud (se quejó de la garganta mientras se cableaba la guitarra), pero podía haberlo compensado con algún otro recurso… Vale que muchas de sus canciones fuesen descartes y rarezas, pero ese Micah de su magistral álbum debut The Gospel Of Progress no debería haberse esfumado con esos mismos cigarrillos que consumía compulsivamente en sus anteriores conciertos. Que haya que esperar a los bises para que el cantante dé lo mejor de sí no me parece una estrategia demasiado acertada.

Sólo me queda una explicación: que lo que leí en una entrevista, en la que decía que el accidente de tráfico que tuvo el año pasado en nuestro país yendo de gira con Tachenko le había marcado mucho y había provocado un giro en su vida y en su música, sea unánimemente cierto y el Micah que antes conocía, ese Micah al que (lo reconozco) adoraba, haya sufrido una mutación sonora con la que ya no me siento tan identificada.

La conclusión a la que llegué es que creo que es mejor retomar sus discos y escucharle en privado, tranquilamente, sin esas destemplanzas y vagancias que a veces (de)muestra en el escenario. Eso o probar con la lectura de su novela No voy a salir de aquí. Total, para tropezar con letras de corte biográfico, reflejando nuevamente con su atormentado (sin)vivir, lo haré con menos expectativas.

No sé, puede que sea verdad eso que escuché una vez… que no hay conciertos malos sino inadecuados niveles de expectación, pero… para la próxima, yo me quedo en casa.

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