Madrid prohibe macroeventos culturales en espacios propiedad del Ayuntamiento

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Madrid prohibe macroeventos culturales en espacios propiedad del Ayuntamiento

Por · 5 noviembre, 2012
Madrid prohibe macroeventos culturales en espacios propiedad del Ayuntamiento

Hoy el nivel de desempleo vuelve a tocar un máximo histórico. El término huelga se ha aposentado cómodamente en nuestro día a día: transporte público, sanidad y farmacia, educación… Si la realidad es de por sí traumática, lo es más cuando se nos cambia la rutina (lástima que no se haga más a menudo y con mayor rotundidad si se pretende despertar conciencias).

Uno de los pocos reductos de paz que nos queda a esta triste generación perdida de jóvenes –algunos prefieren el tan manido “nini”- es la cultura, esa que cercenan sin miramientos los medios de comunicación e instituciones, siempre en busca de esa idílica sociedad de apatía e indulgencia que puede manipularse con la mayor de las facilidades.

El último golpe maestro a favor de la ignorancia, o debido a ella, nos lo ofrece la alcadesa de Madrid. Ana Botella ha decidido prohibir en edificios que dependan del Consistorio Municipal, toda clase de macroeventos culturales en los que el público esté de pie (esto último en palabras del concejal de Economía Pedro Calvo recogidas por el diario El País). Se incluye por supuesto, aunque evitaran concretar en la rueda de prensa del pasado viernes, conciertos en espacios como el Teatro Circo Price (en la imagen), Conde Duque o El Matadero. Lo cierto es que utilizar como arma arrojadiza contra los jóvenes, esos que según ella misma abusan de su apellido en la noche madrileña, la muerte de cuatro personas el pasado día 31 de Octubre en el Madrid Arena es, cuanto menos, surrealista. Hay una gran diferencia entre regular y prohibir. Quede en la conciencia de cada uno discernir entre una cosa y la otra.

Si en esta coyuntura actual en la que el desánimo se ha ganado un hueco importante, no sólo nos niegan la libertad para estudiar, trabajar y opinar, sino que encima cierran cualquier vía de escape a esa penosa realidad por evitar regular de la forma adecuada, ¿qué nos queda? Ya se sabe, muerto el perro, se acabó la rabia pensarán. Y yo me pregunto, ¿Quién es el perro y dónde está la rabia?

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