Kanye West presents G.O.O.D Music Cruel Summers (G.O.O.D. Music/Island Def Jam, 2012)

Kanye West presents G.O.O.D Music Cruel Summers (G.O.O.D. Music/Island Def Jam, 2012)
B-SIDE MAGAZINE // PARA HABLAR DE ARTE... HAY QUE HACERLO CON ARTE
Kanye West presents G.O.O.D Music Cruel Summers (G.O.O.D. Music/Island Def Jam, 2012)

Kanye West presents G.O.O.D. Music

Cruel Summer

Discográfica:

G.O.O.D Music, Island Def Jam

Año:

2012

8.0

· 8 Noviembre, 2012

Devolvió la sensibilidad y el buen gusto a la industria del hip-hop, puso patas arriba sus cánones y rompió ese cliché que obliga al buen rapero a curtirse en la marginación y la violencia. De aquel chaval que rechazaban una y otra vez las discográficas por su imagen blanda, al contundente hombre de negocios y estrella mediática en que se ha convertido, no hay demasiada distancia. Kanye es único, auténtico, tremendamente culto y, para sorpresa de todos los que le dieron la espalda hace una década, uno de los personajes con mayor talento y compresión de todo lo que rodea el show business. Él, en sí mismo, es el centro del espectáculo.

Esa amplitud de miras y su continua reinvención, experimentación y vanguardismo, le posicionan cada vez que abandona su retiro creativo en la cima del circuito musical, a modo de figura semidivina. De esto da buena cuenta Cruel Summer, un álbum más “de concepto” que conceptual, que sirve como plataforma para todos los artistas de su sello, G.O.O.D Music (Getting Out Our Dreams), y en el que le vemos autodenominarse Dios del hip-hop y elevar su “mierda” a la categoría de sagrada (To The World). No presume quien quiere sino quien puede, y es cierto que en estos diez años no ha hecho más que cambiar las reglas del juego una y otra vez, al nivel de figuras ya históricas como Michael Jackson.

En esta autofelación convertida en disco, Kanye se mofa de nuevo de las normas que establece el hip-hop, en un ejercicio de vanidad, irónicamente, muy típico del género. Quizá la falta de cohesión sonora de la que adolece Cruel Summer se vea suplida por la temática de todos sus temas y los versos de la práctica totalidad de sus participantes. Kid Cudi, Common, Pusha T, 2 Chainz, Big Sean, R. Kelly, Ma$e y compañía, con colaboraciones “ajenas” al sello como Jay-Z o Marsha Ambrosius y con West como maestro de ceremonias y cuasipredicador, centran todos sus esfuerzos en parecer pedantes y efectivamente serlo. Esa es la gracia del asunto, demostrar al resto de colectivos qué están muy por encima de ellos. Y lo hacen con un nivel de producción que por momentos llega a asustar. Clique, Mercy, Bliss (John Legend merece mención aparte), New God Flow y Higher bien valen por el 90% de todo lo que se publica hoy día en este mercado. Y por supuesto, facilitan que ciertos altibajos durante el álbum no sean tomados en cuenta. Como también lo hace su espectacular diseño, en el que vemos –de nuevo referenciando esa pátina de superioridad- a una diosa griega tallada en piedra. No esperábamos menos de alguien que colabora con algunas de las más influyentes casas de moda del planeta o artistas visuales de la talla de Takashi Murakami.

Si esto es lo que Kanye puede ofrecer como nexo de unión, como capitán del barco G.O.O.D. Music, aportando su visión y manteniéndose al margen en su justa y equitativa medida, no podemos hacernos una idea de lo que ocurrirá cuando vuelva a gestar otro álbum en solitario, como ya hizo con su más ambiciosa obra, My Beatiful Darked Twisted Fantasy. In G.O.O.D we trust.

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